«Su sonrisa y el apretón de manos parecían sinceros.  Y lo eran. Pero las causas distaban mucho de las apariencias. No me sonrió porque se alegrara de tener un nuevo socio. Reía porque había convertido a su peón en un alfil. No soy un ingenuo, lo sé, sigo siendo su instrumento y siento cierta resignación al respecto, pero acepto mi lugar. Al fin y al cabo… así me aseguro seguir con vida en esta ciudad.

No, no voy a matarte por ahora. Joven aprendiz, serás mi peón y, quien sabe. Quizá algún día llegas a ser el rey de este tablero… pero no será hoy. Corre a cumplir tu cometido… y procura que no te sigan.«

Así comenzaba en 2016 la introducción de Arquitectos de Voluntad. Libro-1: Planes robados. La consecuencia tras hacer el recopilatorio de mis historias: todas las aventuras que narré a amigos y vecinos. Una afición que empezó en 2003 y no ha dejado de motivarme.